13. nov., 2014

COMO REACCIONA USTED ANTE EL ESTRÉS

El estrés es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés.

Tanto los sucesos negativos como positivos que nos ocurren en la vida pueden ser generadores de estrés.

Nuestras experiencias estresoras provienen de tres fuentes básicas: nuestro entorno, nuestro cuerpo y nuestros pensamientos.

El entorno nos bombardea constantemente con demandas de adaptación, viéndonos obligados a soportar el ruido, las aglomeraciones, las exigencias que representan las relaciones interpersonales, los horarios rígidos, las normas de conducta y muchas otras amenazas a nuestra seguridad y autoestima.

La segunda fuente, nuestro cuerpo,  se ve afectado por gran variedad de circunstancias: los momentos difíciles que representan la adolescencia, el envejecimiento, la enfermedad, los accidentes, las restricciones de la dieta, los trastornos del sueño… Nuestro organismo responde ante ellas generando activación fisiológica. También incluiríamos aquí las amenazas que provienen del ambiente. Así, nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros viene determinada por una actitud innata de “lucha o huida”. Poseemos dentro de nuestro entramado bioquímico la tendencia innata a prepararnos para luchar o para huir siempre que nos sentimos amenazados.

Una vez que se emite una respuesta de este tipo, tienen lugar en nuestro organismo, de modo esquemático, los siguientes cambios: cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes, los centros de regulación dan al organismo la información que le conducirá a enfrentarse o a escapar de la amenaza. Esto produce una serie de cambios físicos: las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza. Los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada hacia el cerebro para aumentar la llegada de oxígeno a las células y favorecer así los procesos mentales que están ocurriendo. Las frecuencias cardíaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y hacia el tronco, las extremidades, sobre todo las manos y los pies, se perciben frías y sudorosas.

SI NO SE LIBERA AL ORGANISMO DE ESTOS CAMBIOS OCURRIDOS DURANTE LA FASE DE RECONOCIMIENTO Y CONSIDERACIÓN DE LA AMENAZA, SE ENTRA EN UN ESTADO DE ESTRÉS CRÓNICO.

La tercera fuente de estrés proviene de nuestros pensamientos. El modo de interpretar y catalogar nuestras experiencias y el modo de ver el futuro pueden servir tanto para relajarnos como para estresarnos.

No podemos escapar de todas las situaciones estresantes; pero SI PODEMOS APRENDER A CONTRARRESTAR NUESTRAS REACCIONES HABITUALES AL ESTRÉS APRENDIENDO A RELAJARNOS.

El estrés tiene un carácter acumulativo; por tanto es posible que hechos ocurridos hace dos años estén afectándole en este momento.